Por Teseo Atheniensis

Estimado en Cristo:

La cosa se está poniendo fulera. Se puso fulera desde que algunos se atrevieron a a mover la estantería. Anónimas o no, las denuncias efectuadas ante el organismo competente marcan una dirección y una posibilidad que no se puede dejar pasar así porque sí.

Hay olor a mierda en el ambiente. El miedo se está apoderando de las filas hasta el momento incólumes, volcándose en lo que todos esperábamos de un momento a otro surgiera: la cacería del tirador.

Le digo nuevamente: no hay que dejar pasar la oportunidad. Y es momento de tirar por la borda el estúpido respeto humano y empezar de una vez por todas a “escandalizar”, en el más profundo sentido kirkergordiano del término.

Atacan con la amenaza, pues amenacemos. Escandalicemos, arrimemos el juicio de los lectores al borde del abismo para lograr el salto personal a la verdad. Somos adultos todos, y si hay alguno de los lectores que no pase de su adolescencia, pues que de una vez por todas efectúe el vuelco existencial. En estos tiempos de desnudez, de violación de paradigmas, se han perdido ya los respetos inculcados tradicionalmente, culpables muchas veces de la estupidez típica católica.

Escandalicemos, sí, rompamos el yugo. Si algo ha de salir de esta tormenta que sea fruto de la verdad a secas. Por eso, por intermedio de su blog, propongo algo que marcará de una vez por todas la “verdad de la milanesa”.

Supo el P. Fuentes escribir las famosas “Reminiscencias” del IVE. Sin respeto por los mencionados, con mentiras y tergiversaciones a destajo, construyó en las mentes de los afiliados a la secta una superestructura basada en la canonización de su fundador, en la inspiración profética de la obra y en la santidad de vida de un pobre electrocutado. Pues bien, si es cierto lo que comentan en el Chat de café, si se están siguiendo los post de nuestros blogs, aprovechemos la tirada.

Publiquemos las nuevas y verdaderas reminiscencias del IVE. Que las víctimas nos hablen de lo que pasaron, con fecha, lugar y nombres. Si la situación parece hundirse nuevamente en el olvido, si los testimonios se perderán nuevamente en los anaqueles de la curia porteña, que al menos el eco de los gemidos cruce por la web para “escandalizar” al enemigo. Que se diga, en la posteridad: “era verdad”.

Y ahora, a todos los lectores. Si hay alguien que en conciencia valore en algo su vida, su dignidad de bautizados y la transparencia del sacerdocio de Cristo, que vuelque su testimonio aquí y ahora. Piense, recuerde, queme gente. Que el escándalo suscitado en el siglo obligue a las autoridades a expedirse al respecto, que los padres que evalúan mandar a sus hijos al IVE no digan luego que nadie les avisó.

Si prefieren el testimonio anónimo, será bienvenido también. Nadie está obligado a delatar su nombre. Para los que conocen sucesos de la vida común del IVE el anonimato no será impedimento.

Incluso digo: que los medios enemigos de la Iglesia conozcan la verdad y la viertan en sus inmundas letrinas noticieras. Que una vez más resuene el estampido del escándalo cristiano. Que no se pierdan las lágrimas y que el dolor no quede sepultado. Que la desnudez del testimonio prepare el lugar a la justicia.

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