Comentario al artículo de Mario Salazar Lafosse (ver blog: el fin de la literatura)

La falta de responsabilidad personal cuando el daño es producido en grupo.

Esta es una triste película y me hizo pensar mucho en como baja el sentido de responsabilidad personal cuando el mal se inflige de modo grupal. La película está basada en hechos reales, hay un monumento conmemorativo en recuerdo de quien fue la víctima Sylvia Likens en la ciudad de Indianapolis en el estado de Indiana, donde es considerado el crimen de mayor horror individual que se recuerde en el estado, acaecido en la década de los 60s.
La película está basada en las declaraciones que se dieron durante el juicio de la gestora principal del crimen, Gertrude Baniszewski. En la tortura y asesinato de Sylvia Likens de 16 años de edad. En la tortura y asesinato de la niña participaron la familia y vecinos de Baniszewski, una mujer abandonada por dos hombres que la dejaron a su suerte con siete hijos a los que mantenía en deplorables condiciones.

La historia es a gran escala penosa y cruda no por las imágenes sino por la crueldad que sugieran los relatos de la corte, crueldades llevadas a cabo por la señora Gertrude y otros niños. Sylvia protegió a su hermana durante el tiempo que estuvo con vida; una niña de buen de corazón y sencilla que constantemente suplicó piedad hasta convertirse en un cuerpo casi muerto a la orden de la maldad y el abuso físico y mental. La Señora Baniszewski y el grupo de jóvenes maltratan a la niña hasta que muere sin la menor conmiseración.

Entre las torturas que se le infligieron a Sylvia está mantenerla como un sucio animal o un sub-humano en un viejo sótano echada en un colchón pestilente, sin darle agua y muy seguido sin alimentarla, dejar que los vecinos jueguen con ella golpeándola, quemándola y usándola como si fuera una muñeca a la que todo se le puede hacer, dejó que fuera juego de ellos y de sus hijos que la trataban como un objeto al que se le puede patear y usar al regalado gusto, se le inscribió con una aguja caliente en el estómago “soy una prostituta y estoy orgullosa de serlo”, se le metió una botella en la vagina y se le dieron golpizas tremendas. Se le amarró y se le trató peor que a un animal.

Las actuaciones de Ellen Page como Sylvie y Catherine Keener como Gertrude son magníficas. Esa dupla conmociona con la recreación de un ese fantasma en que se convirtió Sylvia, un cuerpo agotado, semidormido, maltratado y herido; como la frialdad y el aspecto siniestro de Keener, un personaje que intimidaría a muchos actores pero que Keener acepta y compone con habilidad.

Al final de la película surge una reflexión, la familia Baniszewski asistía siempre a la iglesia pero en ningún momento detuvieron su locura ni se pusieron a pensar en el daño que hacían.

En la película el abogado despues de escuchar las declaraciones de los niños que cuentan lo que le hacían a la niña, les pregunta si les parece malo y responden afirmativamente. Y entonces el abogado les pregunta: ¿Porqué lo hiciste? y la respuesta es: NO SÉ.

En este caso, como en muchos otros casos de abuso de menores, es llamativo como el sentimiento de responsabilidad personal en los abusadores disminuye. Cuando los abusadores son llevados a tribunales es cuando los hechos cobran el peso que verdaderamente tienen.

Algunas de las razones por las cuales los abusadores continuaron, y continúan en otros casos, con esta conducta destructiva es:

  • por que “todos” lo hacen.  Dejar de hacerlo u oponerse es confrontar la conducta de los demás y para eso se requiere estar bien parado psicológica y espiritualmente.
  • La complicidad produce un engaño psicológico que es abandonar el propio juicio y seguir una conducta general, común, sin darle valoración moral concreta, o apoyarse en la “valoración” que los otros hacen de la situación.
  • El miedo juega también un papel importante. Miedo de obrar de modo diferente al resto del grupo aunque sea lo que se haga objetivamente malo. El miedo paraliza, no anula el juicio, ni disminuye la maldad sino que disminuye la voluntad de obrar en conciencia.