(Ver artículo sobre normas aquí)

Las nuevas normas aprobadas por el Papa son un intento de respuesta a la crisis por la que atraviesa la Iglesia en este momento. Hablando con unos amigos que tienden a ver las cosas desde un punto de vista más “sobrenatural” que yo, me decían que la Iglesia no está en crisis sino que es una nube creada por los medios de comunicación, o que son hechos que no afectan a la iglesia que sigue siendo Una y Santa.

La ley sin una seria determinación de justicia es letra muerta. Lo que a mi me hace dudar de que las normas cambien en algo la situación actual es que había normas anteriormente pero no se aplicaron, y AHÍ está el problema.

La justicia es ciega, se dice, porque no tiene en cuenta rangos, o títulos, o fama o dinero… la justicia se imparte igual para todos y no hace distinciones. Que la justicia sea ciega no significa que cierre los ojos o vea para otro lado cuando las cosas no son tan lindas como se esperan o desean. Eso es lo que ha sucedido con las normas que había anteriormente. Las nuevas normas no cambian la falta de vigilancia, la falta de investigación por parte de las autoridades, la falta de buscar honestamente el ‘bien común’, la falta de responsabilidad…

Uno de los grandes problemas que enfrentamos en la Iglesia es el ´tapar los problemas’ o emparchar la imagen de la Iglesia para que no se vea mal a los ojos del mundo, pero… pero… pero me da la sensación de que no arreglamos el problema. Solucionar el problema no es crear nuevas normas solamente. Probablemente ayuda el que tengamos nuevas normas para castigar los delitos pero no es ‘LA’ solución del problema. A mi me da la impresión que hay problemas de fondo que estamos dejando de lado. Hay falta de responsabilidad por parte de quienes tienen autoridad dentro de la iglesia. Hay falta de interés por el bien común en la jerarquía. Hay falta de espíritu de servicio. Hay problemas en la formación de los candidatos al sacerdocio, el sacerdocio no es visto como un servicio a los fieles sino como un estado mayor de perfección que se traduce en una actitud hacia los laicos que exige pleitecía. Hay problemas con la cultura paternalista de la Iglesia, un desbalance de poder entre clérigos y laicos lo cual hace imposible la comunicación porque transmiten in diferente frecuencias. Hay problemas con la visión de la sexualidad -los curas hablan del sexo como los vegetarianos de la carne, ¡la abstinencia es lo mejor! El sexo (y la carne) es algo a lo que hay que escaparle.

Hay graves problemas de abusos, de todo tipo. La iglesia cuenta con una jerarquía que se mueve y maneja en un mundillo político movida por ansias desordenadas de poder. El que sacerdotes como Marcial Maciel, fundador de los legionarios, viviese impune por décadas después de las acusaciones se debe a las ‘conexiones’ con prelados de la curia Vaticana.

No quiero mostrarme escéptico con respecto a las ‘Nuevas Normas’ pero la letra no hace nada si no hay quien la haga cumplir, examine en conciencia los casos y de modo objetivo. Hay una especie de mentalidad en la Iglesia de que cada vez que alguien critica, opina o acusa de delitos a la curia, a cualquier nivel, inmediatamente se dice que ese tal es un ‘enemigo de la iglesia’, ‘un calumniador o difamador’, ‘alguien que no ama a la Iglesia’ o lo que es peor se lo juzga como quien camina derechito al horno.

Ya somos varios los que ya estamos condenados por hablar de estos temas. El que ya esté juzgado y condenado  me quita autoridad y me hace transmitir en otra frecuencia, una frecuencia que probablemente no esté al alcance de quienes imparten justicia. Espero que no sea así.