Hay parejas a las que les cuesta conectar una vez que los hijos dejan la casa. Si bien muchas pueden ser las razones por las cuales las parejas se sienten distanciadas al partir los hijos, hay algo que ya se percibe o se puede anticipar al comienzo de una relación. La amistad con la propia pareja es una de las claves para mantener la intimidad cuando los bullicios y distracciones de los hijos pasan… se alejan… Al desaparecer el bullicio uno se vuelve a encontrar a solas con la amiga/o con quien hay una especie de intimidad que no desaparece con los años.

Muchas parejas se van distorsionando con la llegada de los hijos. Se reduce la intimidad, se establecen otras prioridades, y por algunos años la mirada gira en torno al niño. Cuando los hijos van creciendo y comienzan a independizarse, algunos espacios, hasta entonces ocupados por el bullicio y la frescura de la juventud, van dejando lugar a la tranquilidad de un ambiente propicio para el reencuentro de la pareja postergada.

Si bien es común que al principio esta situación se viva con cierta tristeza, sobre todo por el síndrome del nido vacío, se puede aprovechar la oportunidad para volver a compartir con tu pareja esas cosas que hace muchos años que no hacen solos.

El problema surge cuando en el espacio vacío miramos al otro lado y nos encontramos con una persona que no conocemos. Es bastante frecuente que durante la crianza de los hijos, algunas parejas se distancien tanto que no logran reencontrarse cuando los niños ya no están. Entonces comienza una adaptación difícil de afrontar. A esta altura de la vida uno cuenta con menos flexibilidad y paciencia, y quizás también con más cansancio para superar una crisis.

No hay claves para mantener una relación, y hoy por hoy es más frecuente el divorcio que el casamiento, sin embargo, la solidez de una relación depende no sólo del amor mutuo, sino del respeto entre ambos y  el respeto por la pareja en sí misma. Como todas las cosas que queremos cuidar, la pareja necesita de atención, tiempo y dedicación.

De esta forma, quizás podamos lograr que la relación alcance un promedio de vida que logre la permanencia después de los hijos.

Cultivar la amistad o casarse con quien consideramos y apreciamos como amigo/a es muchas veces la inversión más segura para la vejez.
Si tuviera que dar un consejo para los matrimonios jóvenes diría que nunca pierdan o dejen de cultivar la amistad con su pareja porque es lo que asegura el bienestar del futuro cuando uno goza de la presencia del otro.