El prisionero de Génova

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Nota previa:
1. Estoy convencido de que existen entre los sacerdotes y religiosas del Verbo Encarnado muchas personas de la más alta valía. Me precio de ser amigo de algunos de ellos.
2. Estoy igualmente convencido del mérito y virtud de los sacerdotes y religiosas de esa institución que se dedican a cuidar a personas gravemente discapacitadas, o que se mueren por el calor de Tunes, por el frío en Groenlandia, por el paludismo en Papua o por las bombas en Siria. Para ellos, no tengo más que palabras de admiración y profundo respeto.
Por favor, distingan. Este post se trata de otra cosa.

El papa Francisco decidió recluir al padre Buela en el monasterio cisterciense de San Isidro de Dueñas de Palencia, España

Con cierta frecuencia en los últimos dos años, cuando fieles laicos o humildes y jóvenes sacerdotes del IVE peregrinaban a Roma a fin de tomar gracia de los lugares bendecidos por el Fundador, extrañamente, volvían sin pronunciar palabra alguna acerca del personaje y, cuando eran interrogados al respecto, o bien callaban, o bien hacían referencia a difusos encuentros en los que no quedaba muy claro si los mismo habían sido encuentros reales, reuniones espectrales o relatos escuchados y vivenciados de un modo particularmente intenso. Y cuando se les recordaba que no podían haber visto a Buela porque éste había sido castigado por orden de la Sede Apostólica, respondían que tal especie no era más que una calumnia urdida por los enemigos del IVE, los cuales necesariamente debían existir, y muy aguerridos además, como siempre ha sucedido en la vida de las fundaciones más imponentes de la Iglesia.
Pues bien, como el piadoso cuento sigue dando vueltas, y aún con reticencias porque es un tema que ya no me interesa tratar en este blog, he decidido publicar el texto del documento de la Santa Sede donde se confirma todo lo que desde aquí se insinuaba y que ahora relato con más detalle:

Luego de finalizado el proceso canónico contra Buela, en el que se lo imputó y condenó por lo que, en términos breves y comprensibles podríamos denominar “reiteradas manipulaciones a la conciencia de sus seminaristas”, a mediados de 2012 el Santo Padre Benedicto XVI le impuso la prohibición estricta de no injerir en el gobierno y en el “andamento” del IVE.
Y así fue… durante unos meses, porque el zorro pierde los pelos pero no las mañas. Se le ocurrió un ardid para salvar la prohibición pontificia: sus secuaces organizaron en las cercanías de Santiago de Chile un piadoso curso en el que el venerado padre Buelca enseñaría algunos rudimentos de la predicación de ejercicios espirituales, es decir, las técnicas por él mismo aplicadas durante décadas para manipular las conciencias de los incautos jóvenes… Con el mayor secreto y discreción, los curas y monjas del IVE en Argentina comenzaron a llenar ómnibus con seminaristas, novicios y novicias y otro tipo de jóvenes miembros de la institución a fin de que, cual otra gesta sanmartiniana, cruzaran Los Andes para conocer y escuchar al gran padre fundador. Y así lo hicieron en octubre de 2012. ¡Tamaña imprudencia! Enterado el obispo de San Rafael, montó en cólera y enseguida las noticias del encuentro llegaron a la Colina.

El recurso se resolvió estando ya aposentado en el Solio Petrino el papa Francisco quien decidió recluir al padre Buelca en el monasterio cisterciense de San Isidro de Dueñas de Palencia, España. Allí, el abad estaría encargado de vigilar al ladino porteño del Bajo Flores a fin de que no tuviera contacto con el exterior y terminara sus días en oración y penitencia. Podrán leer más abajo el texto italiano con su traducción, de la carta que le envió el cardenal Braz de Aviz en mayo del 2013 a Mons. Eduardo Taussig, obispo de San Rafael y personaje menor del episcopado argentino.

Y hacia la abadía que había sido hogar del Hno. Rafael marchó Karloncho, y allí comenzaron a trascurrir su tristes días, participando en algunos de los oficios monásticos y vigilado muy de cerca por los monjes, que habían sido advertidos de sus mañas y antecedentes, por lo que apenas si lo dejaban dar algún paseíto por el jardín y la huerta conventual. Allí estuvo de julio a octubre de 2013.

Pero las trenzas romanas siguen funcionando y vaya a saber uno qué influencias y presiones se movieron en Casa Santa Marta –seguramente a través de la cordata de Sodano-, pero la cosa es que el papa Francisco cedió y permitió que se recluyera al P. Buelca en una reciente fundación de su instituto en la ciudad de Génova, donde ahora se encuentra en silencio y oración, o conspiración, ayudado por un joven sacerdote que cuida de su salud y, probablemente también, de las llaves de su celda.